. El se percató y preguntó:
—¿Qué pasa?
—Acerca de esa excelente memoria tuya... —me aparté para poder leer la expresión de su rostro e inquirí—: ¿Te importaría decirme qué pensabas el lunes por la mañana? Tus reflexiones molestaron a Edward —el verbo «molestar» no era precisamente el adecuado, pero deseaba obtener una respuesta, por lo que que era mejor no empezar con demasiada dureza.
El rostro de Jacob se animó al comprender y se carcajeó.
—Estaba pensando en ti. A él no le gustó ni pizca, ¿verdad?
—¿En mi? ¿En qué exactamente?
Jacob se volvió a reír a carcajadas, pero en esta ocasión con una nota de mayor dureza.
—Recordaba tu aspecto la noche en que Sam te halló. Es como si hubiera estado allí, ya que lo he Sus palabras activaron mis propios recuerdos y me envaré, presa de una repentina tensión visto en su mente. Ese recuerdo es el que siempre acecha a Sam, ya sabes, y luego recordé tu imagen la primera vez que viniste de visita a casa. Apuesto a que no tienes ni idea de lo confusa que estabas, Bella. Tardaste varias semanas en volver a tener una apariencia humana. Siempre recuerdo que te abrazabas el cuerpo como si estuviera hecho añicos y quisieras mantenerlo unido con los brazos —se le crisparon las facciones y sacudió la cabeza—. Me resulta duro recordar tu tristeza de entonces, pero no es culpa mía. Imagino que para él debe ser aún más duro y pensé que Edward debía echar un vistazo a lo que había hecho.
Le pegué un manotazo en el hombro con tal fuerza que me hice daño.
—¡No vuelvas a hacerlo jamás, Jacob Black! Promételo.
—Ni hablar. Hacía meses que no me lo pasaba tan bien.
—A mi costa, Jake...
—Vamos, Bella, contrólate. ¿Cuándo volveré a verle? No le des vueltas.
Me puse en pie. Él me tomó la mano cuando intenté alejarme. Di un tirón para soltarme.
—Me largo, Jacob.
—No, no te vayas aún —protestó; la presión de su mano en torno a la mía aumentó—. Disculpa, y... Vale. No volveré a hacerlo. Te lo prometo.
Suspiré.
—Gracias, Jake.
—Vamos, regresemos a mi casa —dijo con impaciencia.
—En realidad, creo que debería marcharme. Angela Weber me está esperando y sé que Alice está preocupada. No quiero inquietarla demasiado.
—¡Pero si acabas de llegar!
—Eso es lo que parece —admití.
Alcé la vista a lo alto para mirar el sol, sin saber que ya lo tenía exactamente encima de mi cabeza. ¿Cómo podía haber transcurrido el tiempo tan deprisa?
Sus cejas se hundieron sobre los ojos.
—No sé cuándo volveré a verte —añadió con voz herida.
—Regresaré la próxima vez que él se vaya —le prometí de forma impulsiva.
—¿Irse? —Jacob puso los ojos en blanco—. Es un buen eufemismo para describir su conducta. Malditas garrapatas.
—¡No vendré jamás si eres incapaz de ser agradable! —le amenacé mientras daba tirones para liberar la mano. Se negó a dejarme ir.
—No te enfades, va —repuso mientras esbozaba un gesto burlón—. Ha sido una reacción instintiva.
—Vas a tener que meterte algo en la cabeza, si quieres que vuelva, ¿vale? —él esperó—. Mira, no me preocupa quién es un vampiro ni quién un licántropo —le expliqué—. Es irrelevante. Tú eres Jacob, él es Edward y yo, Bella. Todo lo demás no importa.
Entornó levemente los ojos.
—Pero yo soy un licántropo —repuso de mala gana—, y él, un vampiro —agregó con obstinada repugnancia.
—¡Y yo soy virgo! —grité, exasperada.
Enmarcó las cejas y sopesó mi expresión con ojos llenos de curiosidad. Al final se encogió de hombros.
—Si en verdad eres capaz de verlo así...
—Puedo hacerlo.
—De acuerdo. Bella y Jacob. Nada de extrañas virgos por aquí.
Me dedicó una sonrisa, el cálido gesto de siempre que tanto habia añorado. Sentí que otra sonrisa de respuesta se extendía por mi cara.
—Te he echado mucho de menos, Jake —admití, sin pensármelo.
—Yo también —su sonrisa se ensanchó. Claramente, había felicidad en sus ojos, por una vez sin atisbo de ira ni amargura—. Más de lo que supones. ¿Volveré a verte pronto? l—En cuanto pueda —le prometí.